Mercado de Motores: De amor y colas.

A estas alturas mucha gente ha oído hablar de Mercado de Motores.

– ¿Pero venden motores? – Me dijo mi padre el sábado pasado cuando le dije que me iba corriendo cámara en mano para hacer fotitos y disfrutar sin prisas del ya archiconocido evento mensual.

500 metros de cola. Podéis imaginaros mi cara ante tal espectáculo. Vuelta a casa, me niego a esperar semejante cola y menos bajo la lluvia para entrar en ningún sitio por más moderno y fenomenal que pueda resultar.

No, papa, no venden motores. Le pusieron ese nombre porque empezaron a hacerlo en la antigua Nave de Motores del Metro de Madrid y cuando el recinto se les quedó pequeño se trasladaron al Museo del Ferrocarril, es decir, aquí al lado.

Quería hacer unas buenas fotos y una buena crítica para bien o para mal, porque las veces anteriores que había ido, Martín se cansó enseguida por lo que no podía ser realmente objetiva, pero me daba la impresión de que la gente exageraba y que realmente es sólo otra de muchas modas que morirá de un día para otro sin más.

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 El plan de las fotos decentes se me chafó, porque cuando ya había desistido en intentar acceder al recinto porque la cola era cada vez más grande (la miraba por la ventana de mi futura casa) acabé dentro por casualidad porque la hora de comer sentadito a la mesa se sigue respetando mucho es esta España nuestra como una bendita costumbre, pero como “pasaba por allí” no me había llevado la cámara, así que hice unas cuantas fotos de móvil lo mejor que pude (disculpen ustedes porque encima la luz no era la mejor en este invierno gris que nos ha tocado) y me dediqué a observar con los ojos bien abiertos y disfrutar, para que al menos el plan de escribir el post no se esfumara como las fotos.

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Tuve que rendirme ante la magia del Mercado de Motores, porque existir existe, el ambiente es agradable, incluso en un día tan gris como lo fue el sábado, hay música en directo en la nave central y en el exterior. La gente charla de manera distendida mientras comen bajo el toldo gigante que pusieron estratégicamente para que los visitantes no se mojen. Hay varios puestos de comida, y un buen número de mesa aunque en otras ocasiones he visto que no eran suficientes, el sábado como la climatología adversa ayudó a que el momento comida no fuera agobiante, pero en otras ocasiones también he visto filas para coger acceder a los puestos.

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Como novedad y una de las cosas que más me gustó, y más que a mi tecnológico esposo fue El Ferrocarril de las Delicias, tienen el enlace para ver el trabajazo que ha llevado a cabo el Círculo Madrileño Ferroviario construyendo el parque. Por norma general sólo abren los domingos por la mañana pero a partir de ahora también abrirán los sábados y domingos que haya Mercado de Motores. Son réplicas en miniatura de los diferentes modelos históricos de trenes, desde una máquina de vapor, hasta otros más actuales, y  los niños (y no tan niños) se lo estaban pasando en grande.

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La zona de particulares con mercadillo de segunda mano lo han trasladado a las vías muertas y en mi humilde opinión, el andén se hace demasiado estrecho para poder disfrutar del todo del espectáculo multicultural, irreal y superrealista de las mercancías expuestas. Por no hablar la “tela” o lo que quiera que sea eso que han puesto tras una verja de alambre a la derecha según llegas a las vías que quita todo el glamour y ahoga en un mar de colores, dando un aspecto total de obra municipal.

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Me encantan las cosas de segunda mano pero creo que la localización no es adecuada, no compré nada y ni siquiera miré mucho porque tal y como está organizado no invita a cotillear entre las cosas, cada expositor tiene un espacio muy reducido y da la impresión de que un puesto se junta con otro lo que no ayuda nada visualmente.

En la nave central cosas bonitas, muy bonitas y “para morir de amor” o “suspirar de amor” que dirían algunas bloggers, y también cosas normales, para que nos vamos a engañar (he leído algunos post donde parece que las cosas que se venden allí las hubieran traído del mismísimo Marte) alimentos naturales, muebles reciclados, retales, juguetes… cosas singulares… y zona de café y dulces al estilo europeo compartiendo mesa y espacio con el desconocido vecino eso que tanto nos cuesta todavía en este, nuestro patrio país.

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La luz entrando por las cristaleras de la antigua estación de Delicias hoy convertida en museo y los treses antiguos hacen que se respire como os decía un poquito de magia.

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Hasta que… la gente decide salir de casa en vez de echarse una siesta y el recinto empieza a llenarse de nuevo. Los trenes son inmensos y pasan de ser piezas de museo a moles que quitan espacio y hasta oxígeno, los andenes con puestos se hacen muy estrechos. Moverse empieza a ser peligroso y lento.

Y será que odio las aglomeraciones, pero esto deja de ser bello, empiezan a formarse colas y bolas de gente alrededor de los puestos.

El estilo deja de ser europeo, deja de ser distendido, somos españolitos siguiendo el rebaño y llenando un espacio sin miedo. Sin miedo y sin criterio.

Cuando me decido a salir hora y pico más tarde porque ya me entra el cabreo, ya vuelve a ver cola de gente esperando fuera, con sus paraguas mojados pero parece que contentos.

Así que llego a la conclusión de que efectivamente el Mercado es un buen plan para un fin de semana, siempre y cuando no esté lleno a reventar y eso parece difícil dado que sólo se celebra una vez al mes y no hay muchas más cosas como esta en la ciudad. ¿O si las hay? ¿Y sólo necesitan apoyo y publicidad? Las iré buscando y luego os vengo a contar. Porque en este mundo blogger lo que más rabia me da es que Fulanita blogger famosilla instagramer de calidad dice: “este sitio mola” y todos vamos con los ojos cerrados a ser un poco más guay que el resto de la humanidad. Y nos da igual esperar una cola kilométrica sin sentido bajo la lluvia y el frío invierno que nos acompaña porque sencillamente el lunes tenemos que llegar y decir en la ofi que sí, que hemos ido al tinglado fashion del momento. Y eso, señores no es ser europeo, ni hipster, ni moderno o yo que sé qué cosas más…

3 pensamientos en “Mercado de Motores: De amor y colas.

  1. paula

    yo solo fui una vez, pero me di media vuelta a mitad de mercado, después de haber luchado por acceder. no hice cola y hacía buen día, pero la cantidad de gente era, para mí, realmente insoportable, y así no hay quien disfrute de nada! bueno, sí, de la música al salir, tocaba un grupo de jazz que estaba muy bien.

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    1. MiW Autor

      El grupo de Jazz está siempre y son muy buenos, a mi me encantan. Pero el handicap tumulto tira mucho para atrás.

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  2. Pingback: Planes para este fin de semana |

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