Archivo de la etiqueta: historias para no dormir

Patas arriba

Dieciséis horas duró nuestra mudanza, las mismas que mi parto, y al igual que entonces, la mayoría del tiempo sin anestesia. Al menos en la quinceava hora de parto tuvieron que dormirme, y cuando desperté tenía el dolor más grande del mundo pero también el mejor de los regalos.

¡Y podía pedir drogas si las necesitaba!

Hace quince días, cuando por fin se cerró la puerta de nuestro nuevo hogar, me dolían hasta las pestañas, sólo quería meterme en la cama pero no sabía en cuál de las doscientas cajas estaban las sábanas ni mucho menos nuestros pijamas.

Piticlín llevaba horas durmiendo en casa de mi madre y aunque me hubiera gustado tomar alguna droga para aplacar el dolor de cabeza, me pasaba lo mismo que con las sábanas, no sabían dónde estaban.

Por eso, con una mudanza de este tipo pasa como con los partos, se supera y pasa pero no se olvida.

Cuando salen del paritorio normalmente todas las mujeres piensan que no quieren volver  a pasar por allí, cuando te mudas piensas exactamente lo mismo.

la foto(4)
A día de hoy, una quincena más tarde todavía siento que mi vida está patas arriba, hay cajas que ni siquiera me he atrevido a abrir por miedo a saber qué cosa inútil hay dentro. He tenido que comprar un termómetro nuevo para medirnos la fiebre a M y a mí, y la caja de las medicinas sigue en paradero desconocido.

Si a eso le añadimos que llevamos esas dos semanas sin nevera porque tenemos dos y ninguna funciona, que tardaron otros tres días en ponernos las puertas de casa con el consiguiente polvo, desorden y desconocidos en casa, que a Piticlín lo hemos pasado a su habitación propia, va a una guarde nueva, que tengo la sensación de que aquí ensuciamos el triple de ropa que antes por alguna extraña razón y que una semana después del traslado era mi cumpleaños y decidí no sé si porque soy muy práctica o completamente idiota hacer una comida familiar para celebrar mi cumple más la inauguración de la casa, el resultado es una infección de oídos y garganta de esas que hacen historia con fiebre de 39 y tres días totalmente perdidos en la cama sin apenas fuerza para nada, por supuesto mucho menos para avanzar con el orden de la casa.

Así que siento un nudo justo detrás del esternón y a la vez me siento estúpida por poner toda la carne en el asador y preocuparme de todo menos de mí y dejar que los bichos se apoderen de mis amígdalas porque mi sistema inmune está pendiente del color de las paredes y de si por fin nos ponen el radiador. ¿Estupidez femenina se llama? Gggrrr!!