Archivo de la etiqueta: madre coja

Aventuras de una madre coja

Que verdad es eso de que de poco o de nada vale hacer planes…

Hace aproximadamente diez días, un sábado de aquel verano adelantado que nos llegó a Madrid después de haber trabajado toda la mañana decido coger el toro por los cuernos, (o los pelos con la EpiLady) depilarme entera e iniciar así la temporada veraniega ya que han abierto la piscina de mis padres y así poder llevar a Martín a diario después de trabajar aprovechando que temporalmente tengo un horario cuasi normal compatible con la vida del resto de mi núcleo familiar.

Gran esfuerzo el mío pues yo sinceramente no soy de las que van perfectas en pleno diciembre, (ni el 40 de mayo para que nos vamos a engañar)… lo de la depilación es algo que me da la más pereza absoluta y maldigo el día en el que las mujeres dimos el brazo a torcer o la cera a calentar…

Pues cual sueño de la lechera señores a la vuelta de ese primer día piscinero mi pie se topa con un desaguisado urbanístico del Ayuntamiento de Madrid y caigo a la vía pública tronchándome el pie… pero bien tronchado vamos, no una tontería cualquiera, que cuando me repuse del susto y lo miré la mitad de los dedos miraban a Galicia y la otra a Huelva oiga… y en cuestión de tres minutos el color había cambiado como si me lo hubiera chamuscado en los rayos UVA y de la hinchazón ya ni hablamos…

Conseguí llega a casa andando mientras le decía a iPapa lo mucho que me dolía pero queriendo creerme por dentro que se me iba a pasar y que al ponerle un poquillo de hielo y el pie en alto aquello iba a dejar de doler y a volver a su aspecto original.

Pero como pueden imaginar no fue así… a las doce de la noche volvía de urgencias con el pie bien vendadito y como diagnóstico: Esguince grado II en pie izquierdo. Reposo absoluto.

¿REPOSO QUÉ?

¿ABSO QUE?

Señor traumatólogo, soy madre, de un pequeño terremotito que no ha cumplido los tres años…

Vale, no pasa nada, al día siguiente me resigno y me dejo en manos de mi SANTO esposo que coge las riendas del domicilio familiar y de mi SANTA madre que hace más de lo mismo…

Martín llora y patalea al verme caminar con muletas, llora al mirarme el vendaje… esa noche tengo que vendarlo a él para que se reconcilie con mi nueva situación de incapacidad y dependencia…

Vale… no pasa nada, no me voy a poner insoportable porque me queden varios días sin poder moverme (si me puse insoportable claro, como no) sin poder hacer nada útil, sin jugar con mi hijo, ni bañarlo ni hacerle la comida, ni cogerlo en brazos, noooo…

Voy a enfocar toda mi energía en algo positivo… Ommmmssss!!!

Voy a escribir en el blog, voy a leer, volver a leer más bien… hasta me he apuntado a unas sesiones de Writing for self Discovery, por cierto muy recomendable de Nuria Pérez.

Voy a aprovechar para cuidarme y dejar que me cuiden… ¡qué bien! He encontrado el equilibrio… y sin ponerme demasiado insoportable…

Pero como no, de nuevo las cosas no podían ser así…

La segunda noche no puedo conciliar el sueño del dolor de pie, por lo que durante el día estoy como un zombi, un zombi cojo encima…

Pero no acaba aquí la historia… nooo, tercer día… iPapa este niño está caliente, ¿no crees?… tráeme un termómetro… 39 de fiebre…. Horror.

Acompañamos al dolor de pie nocturno la fiebre infantil… doble insomnio… y así tres días.

Tres días que se convierten en el día de la marmota en toda regla, dolor de pie, Apiretal, termómetro, y una nebulosa temporal…

Se pone el niño bueno previo antibiótico con negociación con el retoño para que se lo tome sin escupir…

El lunes puede volver a la guarde…

Ah, no, que ahora tiene una gastroenteritis vírica que pulula por la guarde y como no, te la ha pegado también a ti, junto con la infección de garganta que él ya se ha curado… empiezas a temblar de fiebre, y de los temblores me duele el pie…

Sin más comentarios…