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32 marzos, y yo con estos pelos!!

Hace poco me preguntaron haciéndome una encuesta: – ¿Cuántos años tienes?

Y me quedé en blanco mientras mis engranajes cerebrales intentaban buscar ese dato en el disco duro.

En la carpeta que contiene datos numéricos pude encontrar en la primera búsqueda rápida:  la proporción de leche y cereales, la talla de pañal que usa en la actualidad el heredero de nuestras deudas, los 10,080 kilos y los 80 centímetros que pesa y mide el mismísimo fruto de mi vientre, con los correspondientes percentiles de peso y altura a los que corresponden dichas medidas,  la edad del churumbel en meses, días, horas y minutos, incluso la dosis de Apiretal y Dalsy ajustada a su peso. Pero por edad propia, la última registrada era 30, que parece ser que fue cuando dejé de existir incluso para cumplir años…

Como tenía que contestar algo y todo esto ocurrió en décimas de segundo, intenté ganar tiempo (que en ese momento te parece una idea inteligente, pero muy probablemente quedes como una estúpida y mejor estarías callada) diciendo: – Pues te vas a reír, pero ahora mismo no sé si tengo 30 ó 31.

Gracias a los maratones de cálculo mental a los que me sometió mi madre mientras caminábamos al colegio pude hacer la resta entre el año actual y el de mi fecha de nacimiento mientras decía la bobada y entonces, descubrí que efectivamente, tengo 31, pero bien poco me queda para cumplir los 32. HORROR!! Exactamente restan 20 días para mi cumpleaños.

¿Qué ha pasado con los dos últimos años de mi vida? ¿el año pasado no celebré mi cumpleaños? ¿qué me regalaron? Encefalograma plano. NO HAY BASE DE DATOS PARA ESA PETICIÓN.

Parece una tontería, pero de repente te das cuenta de que de verdad la vida pasa muuucho más rápido cuando llegan los niños, eso que siempre has oído decir a “los mayores”, que por lo que parece ya eres mayor y tú sin enterarte de que te habían invitado a la fiesta!!!

En ese momento me rebelé contra mi maternidad y contra los percentiles, contra las comparativas de marcas de pañales y los post titulados “5 imprescindibles en puericultura”.

Pensé en celebrar el megafiestón que no celebré a los 30 y hacerme la moderna haciendo invitaciones handmade y contratar a un camarero resultón que prepare Gin Tonics, (que creo que ya estaban de moda antes de que dejara de cumplir años, pero como estaba en estado de buenaesperanza y haciendo mi comparativa de carritos y Grupos 0 no me había enterado) e invitar a todas mis amigas de norte a sur y en las coordenadas GPS habidas y por haber y hacer una fiesta de pijamas de diseño mientras me entregan los regalos de mi wishtlist.

Y estaba yo como la lechera del cuento imaginándome GinTonic en mano con un look súper ideal y por supuesto, los kilos del postparto que han decido quedarse cual oKupas no entraban en la recreación del sarao, vamos que hasta tenía encima la nube saliendo de mi cabecita con la que se ilustran estas cosas oníricas.

Pero como a la lechera, se me rompió el cántaro antes de ir a ningún lado. M se puso a llorar porque despertaba de su microsiesta (creo que soñé yo más despierta que él dormido) y iPapa entró por la puerta con el extracto del banco comentándome lo justos que llegamos a fin de mes con esto de la obra que estamos haciendo en la que será nuestra casa nueva.

¡Eso si que es un sarao! ¿para qué quiero más fiestas?

Así que mientras rescato a M de su cuna se abre sobre mi otra nube, en esta estoy yo, soplando las velas de una tarta normalita, o pudiera ser incluso una magdalena, (que no un muffing) con Martín sentado en mis rodillas mirando la llama embobado mientras iPapa canta el CuMpLeAñOsFeLiZ y detrás de él está el resto de mi familia.

Porque como ya les dije cuando les invité a entrar, no soy una moderna, ni una madre súper, que hoy está de juerga y mañana te monta una manualidad con purpurina y goma EVA mientras sufre la resaca, los kilos siempre me han sobrado y los postparto se han unido a los añejos como amantes en celo. Mis amigas están dispersas por la geografía española al menos las que más y no van a venir a ningún fiestón cumpleañero, y lo más importante, NO ME GUSTA LA GINEBRA y no voy a sucumbir a beberla para ser guay!!!

Y así llega el equilibrio, tengo que ser consciente de mi existencia individual a partir de ahora aunque sea un poquito más, pero soy feliz con lo que tengo, con lo que iPapa y yo hemos creado, con Wonderland y nuestra pequeña familia a punto de mudar de ubicación.

Así que próximamente les enseñaré mi WISHTLIST en castellano, porque parte del equilibrio entre ser madre y seguir siendo un ser vivo con necesidades y gustos propios, es pensar que “yo lo valgo” y que además de ropa de infante y juguetes y libros para menores de 2 años, pueden hacerme ilusión otras cosas. Que al menos un día al año sea MI día, aunque no necesariamente tenga que ser el de mi cumpleaños.