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Esparcimiento maternal

Leyendo el post de mi compañera de profesión El gallinero de Miss Marple me viene al pelo contaros lo que venía a contaros.

Esparcimiento.

Nuestra mente necesita esparcimiento.

El otro día también leí en un artículo que me enviaba mi amiga Elena (que está preocupada por mis idas de olla antes impensables en mi ser prematernal) que el cerebro de las mujeres embarazadas disminuye de tamaño durante esa época tan revolucionaria en hormonas y kilos de nuestra vida, lo que puede explicar el despiste que tienen algunas mujeres en situación de buena esperanza, pero que el tamaño se recupera a los 6 meses del alumbramiento y no sólo eso, sino que nos volvemos más creativas y con muchísimas más capacidades.

En mi caso, yo no me noté más despistada durante el embarazo, si cabe podría ser que más pasota lo que me convirtió en más feliz en muchos aspectos de la vida, y por el contrario, después del parto cada vez tengo más despistes, pero cada día que va pasando me doy cuenta de que no es por eso que todas hemos dicho de que “he perdido neuronas en el parto” sino todo lo contrario, que las que tengo pluriempleadas y trabajando más que nunca.

Si no fuera poco con el shock socio/personal/familiar/laboral que supone la llegada de un bebé a nuestras vidas, el parto trae consigo una serie de intereses que antes no sabías ni que existían y si lo sabías te daban igual no, menos que igual.

Muchos blogs de madres empiezan contándote que al nacer sus hijos sintieron tal o cual impulso por escribir, pintar, bordar, coser, fotografiar…
Lo que me lleva a pensar que lo que leí el otro día es totalmente cierto, porque si no lo contrario sería masoquismo, justo cuando menos tiempo tenemos más necesitamos sacar para nuestro ocio y nuestro esparcimiento personal.

Para mí, desde que Martín tenía aproximadamente 9 meses y hasta ahora, dos años después de que naciera, es necesario tener un rato para mí, para descubrir algo nuevo y airearme de mi casa, de mi maternidad y conectar con mis emociones ya sea mediante un hilo y una aguja, pintando cajas de fruta con chalkpaint o escribir un post, y sobretodo, sea lo que sea, que sea en soledad.

Es sano y reparador y es nutrirnos para nutrir.
No se puede enseñar a alguien a ser creativo, independiente, crítico y observador si nosotras no nos damos la oportunidad de serlo. Y los niños pueden quedarse con sus padres, con las abuelas o con la vecina si es de tu confianza mientras tu sacas pecho y te oxigenas a base de bien para seguir adelante y ser la mejor madre, una con hobbies, con inquietudes y con interés por algo más que no sea la pura maternidad.

Y que nadie os haga sentir culpables, ni con caras de perro abandonado como dice Miss Marple, ni con comentarios machistas venidos de mujeres que por desgracia vivieron en una época donde esto no estaba nada bien visto.

Tú y tu pareja necesitáis momentos de soledad, de intimidad y de disfrute exclusivamente personal.

Al hilo de esto, os cuento que ayer fui a un curso de bordado tipográfico de Yolanda Andrés y lo pasé requetebién, además de aprender mucho, que también cuenta, disfruté y crecí un poquito más para mi.

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Además tuvimos la suerte de que viniera a visitarnos el gran José María Passalacqua, y nos hiciera esta obra de arte para que la podamos bordar nuestro nombre con esa caligrafía maravillosa.

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Y me volví más feliz que unas castañuelas a mi casa donde me esperaba mi retoño que corrió a la velocidad de la luz al oír la llave en la puerta y mi querido esposo que se había quedado ejerciendo de iPapa el día de su cumpleaños después de que Martín y yo le hubiéramos cantado en “Cumpleaños feliz” alrededor de 300 veces.

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Así que, amigas, buscad vuestra pasión, aprovechad el creativo momento postparto para encontrar el camino a vuestro crecimiento personal y en soledad.