Y de repente: ¡Mamá!

Y no es que de buenas a primeras les vaya a contar la experiencia maravillosa y única que supuso convertirme en madre, NO, quizás en otro momento de enajenación mental maternal pueda hacerlo, no les digo yo que no, pero lo que vengo a contarles hoy nada tiene que ver con eso, aunque pudiera ser que el post venga generado también por cierta cantidad de babas de las que se nos caen a las madres cuando nuestro churumbel hace algo nuevo.

El caso es que más que orgullosa de él llevaba cierto tiempo pensando que era incapaz de nombrarme (exageración al más puro estilo histérico-exagerado-pataleta de madre).

M no es un torbellino de palabras, tiene veinte meses y medio y dice tan sólo un puñado de ellas, cosa que ni me preocupa ni me ha preocupado, pero el caso es que desde hace como un mes M nombraba a su progenitor masculino con sentido, le señalaba y decía:- ¡Papá!; le reconocía en las fotos, fotos en las que la mayoría de las veces también estaba retratada una servidora pero para M aquí la que suscribe era totalmente invisible. Cogía el marco, te lo traía, y te señalaba a iPapa diciendo: – ¡Papá! Con la correspondiente ola de aplausos y vítores por parte de todos los presentes en la sala, además de algún beso baboso si el destinatario del nombre se encontraba entre los presentes.

Y en ese momento yo después del mosqueo de las 200 primeras veces en las que claramente mi imagen era ignorada en la instantánea me dirigía a él diciendo: – Martín, y esta ¿quién es?
Me gustaría poder enseñarles la cara que ponía, ojos completamente abiertos y expresión seria y vigilante como a la espera de algún dato más, y así varios segundos en silencio hasta que volvía a decir: -¡Papáááááá!

¡Nooooooo, no es papá! ¡¡Es mamá!!

Probé entonces a enseñarle fotos en las que aparece él con iPapa a ver si a él si se reconocía.
Efectivamente SI, al principio ni eso, la reacción a su imagen también era: – ¡Papá!
Luego mejoró y empezó a decir tímidamente: -Tín!

Mis padres, como parte interesada en la genética materna y por aquello de que la “sangre tira” insistían de vez en cuando poniendo al churumbel en aprietos y enseñándole fotos en las que sólo aparecía yo. Y su esfuerzo mereció la pena, no se vayan a creer, a la pregunta: -¿quién es esta Martín? Respondía: -Tí (o algo así). Y entonces mi madre preocupada porque no me sumiera en las tristeza me decía: -El niño quiere decir: Tú.
Pero de eso nada!! Yo creo que quería decir: -Tín; es decir, se estaba nombrando a sí mismo.

Conclusión: mamá no existe.

Yo me lo tomaba a guasa y dejé de insistir, y entonces sucedió.

De repente: -¡Mamá!

Me llamaba a gritos desesperado desde la cuna para que lo fuera a rescatar porque lo había acostado mientras unos amigos tomaban algo en casa y él quería estar en el sarao.

–    Mamááááááááá, mamááááá, mamááááá!!

4 pensamientos en “Y de repente: ¡Mamá!

  1. Mencía Yano

    Ay Eva, es muy divertido como lo cuentas. pero también es real como la vida misma. son mu desagradecidos los nenes. Tú te esfuerzas ahí, como madre entregadísima y ellos que dicen? ¡papá! y no porque sea más fácil, me parece que deben tener la misma dificultad, pero no, ellos dicen papá. Hay que resignarse y esperar porque cuando de verdad quieren algo entonces sí, entonces por fín dicen la mágica palabra.
    Felicidades por tu blog Eva, me encanta. Biquiños!!!

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